martes, 14 de diciembre de 2010

Tokio Blues

Una novela distinta y única, de las más interesantes que he tenido la oportunidad de leer. Murakami sin duda es un hombre con una sensibilidad extraordinaria, capaz de percibir el mundo interno de las personas, ahondando en la vida y la muerte, el amor y el odio, la angustia y la alegría.
Murakami nos presenta a Watanabe un hombre de 37 años que está arribando al aeropuerto de Hamburgo, al fondo escucha una versión musical tocada en orquesta de la canción de los Beatles titulada “Norwegian Woods”, desde ese momento se convierte en el personaje principal y en el narrador de una historia inolvidable, la música como recurso para remover los sentimientos, las memorias y conflictos que cambian destinos.
El miedo al futuro incierto y la inclinación al suicidio están presentes en cada uno de sus personajes.
Watanabe viaja al pasado recordando el amor por Naoko, una chica hermosa pero trastornada, de fragil salud emocional agravada por las fuertes perdidas en su vida, los suicidios de su hermana mayor y de su novio Kizuki. Al ver los sentimientos florecer entre ellos, el lector de turno sabe que la fatalidad se encuentra a la vuelta de la esquina, surge la necesidad de irrumpir en la memoria de Watanabe y quebrar su historia que no es más que un doloroso error, que ese amor no podrá consumarse y menos tener un futuro. 

Como dato curioso hay referencias a obras importantes de la literatura que inspiran a Murakami a lo largo de la historia, sin miedo aparece nombrada la obra de Thomas Mann “La Montaña Mágica”, en sus primeros encuentros con Naoko es el libro que Watanabe aparece leyendo. Como una ironía Naoko en parte de la historia se aísla en un sanatorio por su problema mental, acentuando así su sentimiento de no encajar en la sociedad. En La Montaña Mágica sus protagonistas se aíslan en un hospital producto de padecer tuberculosis.
Murakami demuestra lo que un escritor puede hacer con la psiquis del lector mediante las palabras que se tornan en pinceladas, construyendo majestuosas imágenes haciendo de lo cómun y cotidiano algo celestial y sublime.
Se ha escrito una obra sin paragón alguno, un canto a los sentimientos más profundos y miedos del hombre, un homenaje a la vida y al lenguaje universal más hermoso de nuestro planeta... la música.

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