jueves, 21 de junio de 2012

La comida de los niños


La hambruna en el mundo es un tema de nunca acabar. Las medidas para combatirla nunca han sido suficientes, la mortandad causada por ella es terrible. Países como los del continente africano y Corea del Norte son muestra de ello. Estas noticias irónicamente al publicarse en los periódicos alimentan a los articulistas y a las familias de los mismos. De la tragedia y el desamparo de unos, el alimento y la estabilidad de otros.

Al ir a mí lugar de trabajo trato siempre de realizar una acción que aporte un grano de arena al drama de la alimentación, ofrecer una pequeña cantidad en efectivo a algún necesitado que me tope en los vagones del subterráneo, compartir parte de mi almuerzo con algún indigente a las puertas del lugar donde laboro. Una pequeña acción que me hace sentir parte de aquellos que deseamos cambios sustanciales en la  vida de los que están en desgracia.

Laboro en una librería de cierto prestigio en la ciudad, donde los pensamientos son la principal materia prima y el saber se cotiza a precios según su importancia o relevancia, su exclusividad y carencia. Estoy en un lugar privilegiado, la esencia de la humanidad está al alcance de mi mano convirtiéndome en el guardián del tesoro más grande del mundo, un librero alimentado por la fuerza que domina a los hombres, ese ente supremo llamado conocimiento.

A mi llegada, en la puerta de la librería siempre me espera “Su majestad”, un gato de grandes ojos amarillos, negro con manchas blancas, con un abdomen voluminoso producto de la comida que a diario le dejo en un plato a  un costado de la puerta, del lado de afuera del templo de las ideas. Sus movimientos son casi sugestivos y de una sensualidad única de sólo aquel que sabe como transmitir su mensaje a través del lenguaje hipnótico del cuerpo.

“Su majestad” no sabe lo que es sentir hambre, tiempo atrás se le podía ver siempre alerta, como sus antepasados, siempre al acecho de su presa. Un ratón agonizante entre sus puntiagudos dientes era una imagen que todas las tardes adornaba la vista, su andar en pasos triunfantes dirigiéndose al callejón de al lado donde se dispondría a masticar el alimento logrado era un acto continuo. Al paso de los años sus reflejos se fueron mermando y  en consecuencia su alimentación sustentada por su propio esfuerzo empezó a fallar, pero sabía que podía contar conmigo, con aquel curioso de la intelectualidad que, por momentos, le ponía un tazón de leche.

Han pasado cinco años y “Su majestad” continúa en la puerta de mi templo, como una efigie egipcia resguardando mi umbral a la espera de los sacrificios para cumplir con los buenos augurios. Todos los días, sin falta, le lleno su tazón de leche junto a una lata abierta de alimento para gatos, al término de mi jornada, el tazón se presenta vació y la lata totalmente desecha, muestras del hambre saciada de “Su majestad”.
Hoy como es habitual, mientras me traslado a la librería estoy leyendo el periódico en el subterráneo, entre sus titulares encuentro el siguiente:

 “Corea del Norte es una potencia nuclear sumida en el hambre”.

Sin duda era el tema del momento, Corea del Norte representa una de las grandes potencias bélicas del planeta, una economía controlada totalmente por un Estado opresor, denominado el país más hostil del mundo, donde los extranjeros no son bien recibidos y sus nativos son encapsulados en una burbuja miserable, despojados de la globalización donde las comunicaciones a través del internet son inexistentes, quebrando la voluntad de sus coterráneos con imágenes de un líder que adorna todas las esquinas. Un país convertido en una amenaza sería contra la existencia de la humanidad por su constante inversión en planes nucleares para enriquecer uranio. Irónicamente ahora por hambre ellos podrían ser los primeros en desaparecer. El clima como un justiciero vengador desde 1997 ha realizado estragos en sus cultivos y plantaciones llevando el caos al sector agroalimentario, ahora como hombres desnutridos al borde del colapso se hincan ante el mundo pidiendo clemencia, rogando migajas de pan. Qué ironía, aquellos dispuestos a imponer su poder ante el miedo y el terror son vencidos por los golpes inanimados del hambre. Ante tal oportunidad los restantes países del planeta están dispuestos a darles las sobras de sus platos si “El Terror de Asia” acepta cancelar su carrera nuclear y armamentista.

Junto a los recibos y la correspondencia sobre el tapete “Bienvenidos” me esperaba “Su majestad”, su cola oscilando con movimientos de cámara lenta, maullando suavemente una canción a los cielos, como si implorase misericordia al dios egipcio Seth, patrono de los oasis y creador de la sequía. Le acaricie el lomo, tome los papeles del suelo y abrí la puerta. Una vez dentro de la librería, en una esquina de mi oficina ubicada en el fondo, saque de la nevera un medio litro de leche y la lata de “Miau” comida rica en proteínas para gatos. Ya servido “Su majestad” tomo un bocado, como si de un evento de catas se tratara. Por lo visto no se encontraba lo suficientemente hambriento y se echó al lado del plato, suspiró relajando su cuerpo, sin duda se disponía a dormir una siesta, me encogí de hombros y di media vuelta dispuesto a iniciar mis labores.

Recordando el tema del Titán Hambriento busqué en la estantería un libro titulado “Querido Líder. Vivir en Corea del Norte”, un ensayo con tintes de investigación periodística  de la directora de Los Angeles Times la estadounidense Barbara Demick, sustentando en cinco entrevistas realizadas a disidentes del régimen totalitario que sigue en pie a pesar de la muerte del tirano Kim Jong II, sus testimonios son crudos relatos de una realidad absurda y aterradora de millones de personas dentro del territorio norcoreano. Cuando me disponía a comenzar mi lectura el sonido de las campanas guindadas en el pomo interno de la puerta me anunciaron la llegada de alguien, pensé para mis adentros que era un ávido lector en la búsqueda de saciar su conocimiento pero al contrario, era Quiñones, un hombre alto de casi 1.90, fornido y casi azulado por el tono oscuro de su piel, sus dientes blancos destacaban sobre el fondo negro de su ser. Un tipo agradable que siempre anda de buen ánimo sin importar lo que pase. Quiñones es mi distribuidor de revistas.

--¡Hey! ¿Cómo estás?—dijo luciendo su gran sonrisa blanca, una de esas que son casi plásticas, dignas de una propaganda de dentífrico.

--Bien, como siempre, todo bajo el control del hampa—Era una frase ya habitual en respuesta a su saludo. Quiñones lo tomaba con gracia a pesar de que era una víctima constante de la delincuencia desbordada en la ciudad.

--Jajaja más nada. Vengo por las revistas que sobran del mes pasado para dejarte las nuevas. Este mes en Bikini Urbano sale una mami buenísima en la portada, impelable.

--El paquete con las revistas a retirar está colocado al fondo, puedes tomarlo y dejar las nuevas en el mismo lugar.

--Ok, ando a la carrera. Mi esposa anda trabajando y los niños se encuentran solos en casa, debo salir lo más rápido posible a prepararles algo para que coman, ya casi es hora de almuerzo.

De pronto Quiñones nota el artículo de periódico desplegado en el mostrador junto al libro el cual me disponía a leer antes de su llegada. Arruga un poco la cara y entrecierra los ojos mientras toma el periódico y murmura mientras lee la noticia donde la hambruna vence a la peligrosa nación bélica.

--Hay que ver que el hambre afecta a todos—me dice manteniendo esa actitud de algarabía donde su sonrisa parece un tatuaje indeleble que no conoce traducir otras emociones.

Yo no digo palabra alguna y solo asiento.

--Aunque a “Su majestad” parece que le va muy bien, está bien gordo ese gato. Come mejor que muchos. Afortunado.

Esta vez la falta de su sonrisa me desconcertó, al decir “Afortunado” su rostro se pintó de ira, de sus ojos emanaba la frustración de la carencia. Con su barbilla temblando y sus blancos dientes tras una cortina de saliva y fijando su mirada en aquel gato vigoroso, dijo:

--Provoca llevárselo al barrio—Luego en cosa de segundos el rostro afable emergió nuevamente.

--Bueno debo retirarme debo darle la comida a los niños, no olvides de revisar a la mami de la portada, en la parte central viene un poster gigante para poner en la pared. Nos vemos en quince días, acuérdate de tener listo el cheque de las revistas vendidas.

--Claro, cuenta con eso.

En el transcurso del día entraron pocos clientes a la librería, así que pude adelantar parte de mis lecturas pendientes. Al momento de sentarme a verificar las ventas del día en mi oficina, luego de haber cerrado la puerta del negocio por dentro, me dispuse a disfrutar de un café negro recién colado en la cafetera eléctrica. Sacando cuentas me inquietaba un poco el recuerdo de la actitud de Quiñones, su mirada al gato y la furia implícita en sus palabras por la ventaja de “Su majestad” al verse bien alimentado. El alto y sonriente moreno sería un enemigo despiadado en un panorama donde los alimentos no existan y lo único comestible sobre la tierra sea nosotros mismos. Algo así como La carretera de Cormac McCarthy, donde el canibalismo es la manera de mantenerse con vida. Sin duda ante él yo perdería la batalla y me convertiría en parte del menú. Siento escalofríos y sacudo la cabeza para alejar tan desagradables ideas de mi mente. Hora de irme y decirle adiós a “Su Majestad”.

Su plato aún está lleno, por lo visto no comió luego de su siesta. Lo llamo y no lo veo. No se encuentra en el callejón. Pienso en Quiñones. Pienso en la comida de los niños.





4 comentarios:

  1. ...traigo
    ecos
    de
    la
    tarde
    callada
    en
    la
    mano
    y
    una
    vela
    de
    mi
    corazón
    para
    invitarte
    y
    darte
    este
    alma
    que
    viene
    para
    compartir
    contigo
    tu
    bello
    blog
    con
    un
    ramillete
    de
    oro
    y
    claveles
    dentro...


    desde mis
    HORAS ROTAS
    Y AULA DE PAZ


    COMPARTIENDO ILUSION
    LECTORMETALICO

    CON saludos de la luna al
    reflejarse en el mar de la
    poesía...




    ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE BAILANDO CON LOBOS, THE ARTIST, TITANIC SIÉNTEME DE CRIADAS Y SEÑORAS, FLOR DE PASCUA ENEMIGOS PUBLICOS HÁLITO DESAYUNO CON DIAMANTES TIFÓN PULP FICTION, ESTALLIDO MAMMA MIA,JEAN EYRE , TOQUE DE CANELA, STAR WARS,

    José
    Ramón...

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  2. Excelente relato! Noticia de Corea del Norte que sin duda hace eco en este trópico de sonrisas automáticas y carencias para digerir (y no sólo me refiero a los alimentos).

    Buen provecho, Quiñones

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  3. Vaya Lector Metalico, excelente relato, me recordó un comic muy famoso en Italia llamado Dylan Dog, con un cierto suspenso y drama "Noir", gracias por compartirlo.

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