jueves, 14 de junio de 2012

Con la urbe al cuello


El hombre y su entorno, un dilema que todos afrontamos siendo protagonistas inconscientes de historias que de lo individual alimentan la vida del colectivo. Krispin posee la sensibilidad de todo escritor ante el mundo que lo rodea, puede convertir lo cotidiano en una gran aventura, los pequeños detalles en grandes interrogantes, embrollos en situaciones hilarantes.

Eloy Montáñez es el protagonista de Con la urbe al cuello, un profesor amante de las letras y cuidador incansable del buen uso del idioma de Cervantes, un mortal  ante el mundo que se ha rebelado contra él.
La historia del personaje en cuestión se desarrolla a través de relatos breves, cuentos que adquieren el carácter de capítulos que se van encadenando, eslabones que presentan la vida peculiar y cautivadora de Montáñez. Un hombre que lo ha tenido todo y que debe afrontar la prueba más grande de su vida, la separación de cuerpo y pensamiento por parte de Alexa, el amor de su vida, su amiga y amante, esposa y madre de sus dos hijas, la desconocida que ahora lo rechaza.

Mientras el fantasma de la separación lo acecha Montáñez nos va contando sus aventuras y desventuras. Su escape a las playas de la Isla de Margarita, su conversación con el profesional del volante que tiene contactos con extraterrestres, el banquero homosexual que odia a muerte a los machistas, son algunas de las situaciones que enmarcan los divertidos relatos que componen tan entretenido libro.

Más allá de las peripecias irreverentes e hilarantes en el libro también existen espacios para el despertar del lector ante la sociedad  a la cual pertenece. Denuncias que ponen sobre la mesa la degradación del idioma, la inconformidad ante los cambios autoritarios y sin sentido por aquellos que tienen la decisión de las mayorías en sus manos, los excesos de la cultura pop y los peligros que rodean a la juventud ante la pérdida de orientación adecuada.

La musicalidad del lenguaje de Karl Krispin es un aspecto destacable, su narración transporta emociones que se siembran en la psiquis del lector, fácilmente nos convertimos en la voz cantante de lo que ahora, en su lectura, es nuestra nueva vida. “Sucede que todo se resumía a cuando tu abrieras los ojitos y te sonrieras a media. Pasa que ya no te descubro y me cuesta sólo atender un inútil reloj-despertador que poco me consuela con sus alarmas. Pasa que siento miedo amaneciendo conmigo mismo. Pasa que no soporto mis arrugas en soledad. Sucede que la noche me hace temblar sin tu respiración”.

Con la urbe al cuello es una de esas obras que el tiempo se encargará de enarbolar, dejando a la luz a uno de los más interesantes escritores de nuestros días.

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