martes, 28 de mayo de 2013

Paul Auster y J. M. Coetzee: Una amistad inolvidable.


Dos de los escritores más importantes y notorios de la literatura durante tres años compartieron sus visiones acerca de diferentes tópicos que mueven al mundo. Aquí y ahora.Cartas 2008-2011 es la constancia de un documento invaluable, la correspondencia entre  Paul Auster y Coetzee.


Paul Auster es un escritor sensible de una emotividad deslumbrante, poseedor de una imaginación sin límites y de una sencillez palpable. Coetzee es un hombre brillante que gusta del silencio y por ello sus planteamientos son cortos, directos y de una sobriedad digna de su intelectualidad. En sus diferentes formas abarcan temas tan interesantes como la amistad y el incesto, sobre el dinero "la mayor ficción creada por el hombre", hablan de la crítica literaria y de la admiración de ambos por Philip Roth a quien consideran el escritor norteamericano más importante en vida, abordan los conflictos en las tierras árabes y la culpa ante los escritos inacabados. Comparten sus victorias y fracasos, sus miedos y anhelos.


 En extremo interesante se hace el diálogo que sostienen sobre la actividad de su imaginación cuando leen y escriben, aquí un extracto de dicho intercambio:


Querido John:


(…) Hablas de tu sentido espacial como escritor, pero también tengo curiosidad por saber lo que <<ves>> en tu cabeza cuando lees una novela o un relato breve; o mejor aún, un cuento de hadas. Si lees lo siguiente: <<Érase una vez una anciana que vivía con su hija en una cabaña en el lindero de un bosque oscuro>>, ¿qué imágenes te vienen a la mente, si es que te surge alguna? No se dan muchos detalles. Ni nombres, ni edades, ni lugar preciso ni descripciones físicas, y sin embargo, por motivos que me resultan enteramente misteriosos, yo tiendo en cierto modo rellenar los espacios en blanco. No de forma concienzuda, quizá, pero suficiente para imaginar una mujer voluminosa, de corta estatura, con delantal, y luego una chica adolescente, delgada, con largo cabello castaño y tez pálida, y percibir el humo que se eleva por la chimenea de la cabaña. ¿Acaso la mente aborrece el vacío? ¿Hay necesidad de dar cuerpo a lo que es vago e informe para concretar la acción?, ¿o puedes conformarte con las palabras escritas en la página, por sí mismas?, y en tal caso, ¿qué te ocurre al leerlas?

                                                                                                                                                                                                Paul


Querido Paul:


(…)En tu última carta pones sobre la mesa la discusión sobre los espacios ficticios y me preguntas qué veo con la imaginación cuando leo en un libro que había una vez una anciana que vivía con su hija en una cabaña en el lindero del bosque. Comparado contigo, me da la impresión de que tengo una imaginación visual bastante pobre. En el proceso normal de lectura, creo que yo no <<veo>> nada. Es solo al llegar tú y pedirme un informe cuando reúno retrospectivamente una anciana rudimentaria con la imaginación y luego la hija, la cabaña y el bosque.

Lo que sí parece que tengo, en lugar de imaginación visual, es lo que llamo vagamente un aura o tonalidad. Cuando mi mente regresa a un libro en concreto que conozco, da la impresión de que me evoca un aura única, que por supuesto no puedo expresar con palabras sin reescribir el libro entero.

                                                                                                                                                       John

                                                                                                                                          
Un reflejo distinto e inédito de dos escritores que han cautivado a sus lectores a lo largo de sus creaciones.
 
Una joya literaria que no debe faltar en biblioteca alguna.




3 comentarios:

  1. Pese a algunas fragmentos muy destacables, a mí no me parece una lectura imprescindible debido a la cantidad de temáticas abordadas que se alejan de lo que supuestamente les interesa a sus fieles seguidores. Bueno, esta es sólo mi modesta opinión. Saludos.

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  2. Yo sí me anoto esta lectura. Algo queda, más aún tratándose de dos autores tan destacados. Tal vez Offuscatio tenga razón, pero insisto, algo queda. Acepto el préstamo y la consecuente devolución.

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  3. De Auster a Coetzee hay mucha distancia... en favor del sudafricano.

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