domingo, 8 de septiembre de 2013

Mejor quieta



Hola Susana. Bienvenido Marcos. Me alegro que hallas aceptado el venir a terapia junto con tu mujer, ella ha estado muy preocupada por tus… “excentricidades” en la intimidad. Te noto tenso, trata de relajarte. La idea de que estemos los tres aquí es para encontrar una solución para que ustedes como pareja se entiendan y salgan fortalecidos.
No me siento cómodo Doctor…
Julio García, tranquilo. Llámame simplemente Julio. Puedes quedarte en el asiento ubicado al lado de tu esposa o acostarte en el diván a tu derecha. Trátame por mi nombre de pila, no hacen falta los formalismos para escucharnos. Listo, ya estás mucho más confortable sobre el diván. Marcos, ¿Cómo conociste a Susana?
En la Iglesia de nuestra parroquia. Todos los domingos luego de misa un grupo de veinte feligreses nos quedábamos para seguir dialogando y discutiendo sobre las leyes de Dios y sus designios. En ese entonces comencé a fijarme en ella. En su dulce voz e inteligencia, sus argumentos sólidos sobre la existencia de un Dios que todo lo sabe. Quedé prendado de su sonrisa y carisma.
Susana me ha contado con anterioridad que ella se fijó en ti por tu caballerosidad, tus atenciones.
He tratado de ser lo mejor para ella. Tratarla con todo el respeto y el amor que ella merece.
Está muy bien, solo que hay un detalle que me ha dejado algo preocupado, motivo por el cual solicité a Susana que te trajera a mi consulta. Los comentarios que ella me ha dado sobre tu comportamiento en la intimidad me parecen de interés. Tengo entendido que están llegando de la Luna de Miel. Ella esperó hasta casarse para tener relaciones después de tres años de “maravilloso” noviazgo. Me cuenta que aunque lo han intentado no se ha consumado el acto de la unión de cuerpos en la cama. ¿Podrías hablarme sobre ello?
  Todo se inicia bien hasta que ella decide moverse matando así el momento y mi pasión.
No entiendo. ¿Sufre de eyaculación precoz?
No, le explico. El cuerpo de mi mujer me excita, es una diosa, sus caderas y grandes senos me enloquecen. Besarla y acariciarla es toda una experiencia maravillosa. Lo que no me gusta es que no puede quedarse quieta.
Sigo sin entender Marcos.
Se mueve y comienza a acariciarme y abrazarme haciendo que mi deseo por ella desaparezca.
A ver, Marcos. Por lo que me dices pareciera que no te agrada que tu mujer responda a tus caricias.
Me gusta cuando está quieta.
Es normal que ella corresponda a tus afectos. Cuando una pareja se quiere y desea el intercambio de las caricias es una consecuencia natural. Explorar sus cuerpos es parte del rito del coito.
Con ella es la única que he tenido estos inconvenientes. Mis anteriores mujeres nunca se quejaron y cumplían con mis deseos a buen gusto.
Estimado Marcos, para que una persona no reaccione ante el contacto físico sólo puede ocurrir si está impedida o muerta. No es posible que puedas hacerle el amor a una mujer sin que ella siquiera reaccione a la penetración y al orgasmo. Las reacciones pueden ser de placer, gusto y asco; pero sin duda debe existir una reacción ante el estímulo.
Le digo que sí es posible hacer el amor en esas condiciones. La primera vez que hice el amor así fue, y sabe que la primera vez nunca se olvida, ese momento te marca para siempre y más aún si ha sido lo mejor que has sentido.
Háblame de ese primer amor Marcos.
Tenía yo dieciséis años. Trabajaba con mi tío en la funeraria del pueblo. En mis horas de almuerzo me sentaba en las afueras a degustar de mi comida, mientras veía pasar a la linda chica pelirroja en patines. Se llamaba Alejandra. Una sonrisa hermosa, unos lindos ojos azules y pecas perfectas en su blanco rostro.
Continúe
Cada día que pasaba mayor era mi admiración por ella. Al cerrar mis ojos su rostro acompañaba mis silencios. Armándome de valor un día decidí invitarle a comer un helado, le dije: “Alejandra te invito a comer un helado en lo que culmine mi jornada laboral de hoy”. Ella me miro de arriba abajo, unos ojos azules como el cielo parecían nublados por el desprecio. Se limitó a decirme un sonoro y corto “No” y continuó su camino, dejando mi orgullo bajo las ruedas de sus patines.
Pasaron los días. Mi amor por ella creció a pesar de su desprecio. En el fondo ella me amaba, algo me lo decía, destinados a estar juntos, sólo era cuestión de tiempo.
Por mi buen desempeño mi tío se tomó unos días de vacaciones, dejándome a cargo de la funeraria ¡Qué sorpresa al ver a Alejandra en la sala esperándome! Acostada, desnuda con sus ojos azules escondidos tras las cortinas de sus parpados. Al ver un tatuaje en su pelvis con la inscripción “Marcos Augusto” no pude contenerme; aunque no tengo segundo nombre sé que era para mí, su declaración de amor en silencio. Su olor era perfecto, una mezcla de sudor y rosas. Su piel, aunque marcada por las cicatrices, permanecía suave al tacto. Al estar sobre ella ingresando en sus territorios vírgenes pude ver cómo su rostro me sonreía. Podía escuchar su voz diciéndome “Marcos no pares, hazme tuya”. La hice mía, no sólo una, sino muchas veces. Fue hermoso.
Mar… (Carraspeando, aclarando la garganta) Marcos ese acto atroz tiene un nombre, esa aberración es definida como Necrofilia. No estás bien. Necesitas ayuda. Susana por favor sal de la oficina y dale este papel a mi secretaria y espera afuera del consultorio.
Si Susana, espera afuera, no quiero que te pongas celosa, aún falta por contar. Después de Alejandra tuve tres novias más, Mercedes era veinte años mayor que yo…

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