lunes, 18 de marzo de 2013

El silencioso Coetzee


El mayor de los sufrimientos se hace en silencio. Pensamientos impulsados por la memoria desencadenan torrentes de emociones que pueden manifestarse en gritos, carcajadas y llantos. Pero es el silencio el génesis de lo humano. Todo escritor nace de la inconformidad, de la duda, de la perdida y la negación del tiempo. En silencio se construyen mundos donde todo es nada y nada es todo. El silencio también es un idioma y como todo idioma requiere de un traductor y ese es el escritor.

Aquel que escribe hace de lo invisible lo tangible. Aquel que escribe es sensible al entorno que lo rodea, más allá de las palabras y los gestos son los silencios lo que realmente escucha y observa.
Coetzee ha hecho del imperceptible idioma todo un arte. Para él escribir es un gesto de rechazo ante la cara del tiempo. Un intento de alcanzar la inmortalidad.

El silencio también puede ser lo desconocido. Coetzee muestra un gran interés por las lenguas muertas, aquellas que se han perdido. Escribir se convierte en una misión de rescate. En su libro Verano editado en el año 2009 desarrolla una historia hipotética de su muerte, donde un joven biógrafo realiza entrevistas a las mujeres que de alguna forma alimentaron la vida y escritura de Coetzee. En uno de los capítulos se presenta a su prima de nombre Margot recordando una inquietante conversación sobre las lenguas perdidas con el fallecido escritor, a lo largo del intercambio de ideas ella le pregunta:

¿Qué sentido tiene hablar un idioma si nadie más lo hace? ¿Con quién puedes hablarlo?

La observa y sonríe, respira y da la siguiente respuesta:

Los muertos. Puedes hablar con los muertos. Quienes por lo demás están sumidos en un silencio eterno.

Coetzee, más que nadie, sabe del poder de la imaginación, en ella la vida se vive deprisa .Los supuestos que habitan en ese mundo de ensueño terminan por afectar las decisiones  del mundo real. En Juventud libro donde Coetzee narra su vida como matemático en Londres laborando para IBM se va enfrentando con la discriminación del hombre común, del cual teme y niega en convertirse. Sigue aferrado a las palabras, a la poesía, formas del arte que lo hacen ver en su consideración un mejor ser humano justificando así las carencias que lo atormentan. Esa rebeldía se forma nuevamente en el silencio, allí donde muchas voces se convierten en una, haciendo de un simple momento toda una vida, de pocos segundos muchos año. Aquí un extracto del libro Juventud:

(…)la oye escabullirse de la cama y dirigirse de puntillas al baño del rellano para vestirse. Cuando regresa finge estar dormido. (…) Le gustaría ser más amable con Astrid. (…) Le gustaría secarle las lágrimas, hacerla sonreír; le gustaría demostrarle que su corazón no es tan duro como parece. (…) Pero tiene que ir con cuidado. Demasiada calidez y Astrid podría cancelar su billete, quedarse en Londres, mudarse a su casa. Dos derrotados dándose cobijo uno en los brazos del otro, consolándose: la perspectiva es demasiado humillante. Lo mismo podrían casarse y pasar luego el resto de la vida cuidando el uno del otro como inválidos. Así que no insinúa nada, sino que permanece tumbado con los ojos bien cerrados hasta que oye el crujido de las escaleras y el ruido de la puerta principal al cerrarse.

La mente siempre juega en silencio, en ella no todo es lo que parece ser. Ella alimenta esperanzas donde realmente no las hay, da luz donde dominan las sombras, llena de valor al cobarde y puede hacer de un enano un temible gigante.

En Foe la protagonista recibe un duro golpe de la realidad al toparse con el sitio donde su amigo escritor hace honor a su oficio, lugar que dista por mucho de aquel paraíso idílico por ella previamente imaginado:
Nada es exactamente como me lo había imaginado. Lo que pensé que sería su mesa de escribir no es ni siquiera una mesa, sino un modesto escritorio. La ventana no se abre sobre bosques y prados, sino sobre el jardín. El cristal no tiene ninguna ondulación. El arcón, más que un arcón es una valija de correo. Pero todo queda a mano.  ¿No le llama la atención tanto como a mí la relación que guardan las cosas tal como son en la realidad y la imagen que de ellas nos hayamos podido formar?

Coetzee aunque considera el silencio como idioma sabe que es inservible sin la interpretación de la escritura. Los gestos pueden comunicar el silencio pero no son suficientes para entenderlos. La imaginación es un poder incalculable solo cuando es posible darle vida a través de la palabra escrita. En Foe Coetzee construye una historia alterna inspirada en el clásico de Daniel Defoe Robinson Crusoe, donde una mujer bajo trágicas circunstancias naufraga en la misma isla donde Robinso Crusoe junto a Viernes habitan. En un punto de la historia la preocupación de la protagonista se centra en Viernes que es mudo. Ella intenta comprender sus silencios pero le agobia hacer supuestos valiéndose sólo de su imaginación, no comprende el por qué Crusoe no ha realizado un método escrito de comunicación que haría de la convivencia de Viernes más digna, más humana:

Crusoe nunca quiso enseñarle porque, según decía, a Viernes no le hacían falta las palabras. Pero Crusoe estaba en un error. Pues si hubiese sabido hacer a Viernes partícipe de sus propósitos e ideado algún medio por el cual Viernes pudiera haberle revelado también los suyos, bien valiéndose de gestos con las manos, por poner un ejemplo, o bien componiendo con guijarros formas que simbolizasen palabras, la vida en la isla, antes de mi llegada, hubiera resultado bastante menos tediosa. Y así Crusoe habría podido hablarle a Viernes a su manera, y Viernes contestarle a la suya propia, y muchas horas de otro modo vacías hubieran pasado volando.

Coetzee de forma sileciosa nos confirma que la escritura es el gran testigo de la historia, sin ella no hay mundo.

2 comentarios:

  1. Como siempre interesante tu visión sobre tus lecturas, y particularmente la de Coetzee, la cual ya hemos conversado. Lecturas pendientes, tanto Juventud, como Verano.
    Saludos.

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    1. Un saludo my friend Jason. Gracias por leer. Siempre es grato compartir las lecturas. Va un abrazo

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