domingo, 2 de septiembre de 2012

Ven


Para el escritor su entorno es una fuente inagotable de historias a desarrollar. De simples conversas, negativas y afirmaciones se puede dar el inicio al toque mágico de la inspiración a las palabras sobre el papel, transportar la realidad al confesionario en blanco donde la imaginación todo lo permite. Hasta este punto suena bien, pero ¿qué pasaría si la historia narrada se basa en las confesiones que una persona ha realizado sin la intensión de que sea conocida más allá de los oídos seleccionados? Más cuando los detalles no han sido cambiados y mucho menos el nombre de la persona que en la vida real representa.

Un editor tiene en sus manos el manuscrito escrito por un reconocido autor de bestselles, la historia contada luego de su lectura lo ha impresionado y promete sin duda ser un gran éxito de ventas. Es de noche, esta por culminar el día. Aunque agotado debe concluir su escrito sobre la ética en el mundo editorial para una convención en la cual es el principal orador, pero sus pensamientos se niegan a trabajar libremente en el discurso. Una visita previa ha sembrado en su mente grandes dudas, pensamientos encontrados, un alguien que podría vivir en desgracia si se publica esa historia, la historia de su vida.

A largo de las horas el discurso se debatirá entre tachones y espacios en blanco, páginas desechadas y nuevos párrafos. El tiempo no espera y las decisiones deben ser tomadas. Se acerca la hora de su vuelo y debe trasladarse al aeropuerto.

Janne Teller ha escrito una impactante historia poniendo sobre tela de juicio el lado oscuro editorial. A veces nuestras desgracias son las ventajas de otros.

Se puede sobrevivir a lo que los demás te hacen, no a lo que tú le haces a los demás
                                                                                                                           Janne Teller

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