domingo, 29 de julio de 2012

Miedo a lo invisible


Los rostros, lienzos de sentimientos varios, corazas de la indescifrable y mezquina condición humana. La carta de presentación ante el mundo que consideramos sólo nuestro, no pensamos que formamos parte de un todo sino que todo forma parte de uno. Nos reímos del dolor siempre y cuando no padecemos su incomprendida razón, aunque tememos a la muerte nuestras acciones imitan a la mortalidad fijando en una estaca el poder que representa la posesión material.

En los ojos respuestas silenciosas, en su brillo o falta de luz se puede determinar la condición del alma inquilina, aquella que con ansiedad espera el momento de un viaje sin retorno. El alma es invisible pero determinante, busca en la mirada la expresión de su lenguaje, invitando a unos y advirtiendo a otros.

El cuerpo como templo nunca es sagrado siendo de muchas maneras profanado, sea por el dolor al que es sometido bajo la inclemencia del tacto de la violencia o por el venenoso ruido de las palabras que tantos males desean. En su interior las emociones disputan la sobrevivencia contra invasores invisibles que a lo largo de la denominada vida compiten por finalizarla sin tregua alguna.

Le temo a lo invisible, me atemoriza su silencio y manera, me deprime su inadvertida ira. Todos combatimos aquello que no podemos ver. Pedir ayuda no es una opción, la debilidad en formato exterior es un disfraz de presa fácil, una invitación a que otros te incluyan en el menú del día. 

1 comentario:

  1. ... y en esa soledad, ni siquiera podemos creer en los espejos, porque siempre nos muestran una imagen complaciente.

    Un abrazo.

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