domingo, 28 de octubre de 2012

Sunset Park


Miles Heller es un hombre de 28 años que por voluntad propia ha abandonado su formación universitaria y ha desaparecido de la vida de sus padres motivado por la culpa que ha ensombrecido la relación con sus familiares, una tragedia que lo castiga a toda hora. Miles ha optado por otra vida encubriendo su tortuoso pasado pero el destino le hace una nueva jugada, ahora tendrá que huir para salvar una relación amorosa donde el tiempo es la clave de su solución, la joven que ha cautivado su corazón es menor de edad y aún faltan unos cuantos meses para que cumpla con la mayoría que establece la ley, mientras esto ocurra deben permanecer aislados para evitar los chantajes y amenazas de quienes desean tomar partido de la situación. Justo en los momentos que Miles Heller debe dejar el estado de Florida, abandonar su actual empleo y vagar sin rumbo la solución aparece en la llamada de Bing Nathan, un antiguo amigo de infancia que junto a otros desafortunados ha ocupado una casa abandonada en el área de Suntet Park. En vista del apuro Miles accede a la oferta de su amigo, iniciando así la historia que no dejará indiferente a ningún lector.


En Sunset Park se expone la industria literaria y sus dificultades; los esfuerzos del PEN por hacer valer los derechos humanos de los escritores que han sido objeto de injusticias por parte de estados totalitarios, y un homenaje a los grandes del béisbol (deporte que a Paul Auster apasiona) con datos curiosos de los profesionales del diamante. Cabe destacar al personaje de Alice Bergstrom que elabora una tesis de las relaciones y conflictos entre hombres y mujeres de los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, haciendo del film "The best years of our lives" su principal objeto de estudio.

Sunset Park un libro inolvidable.

domingo, 14 de octubre de 2012

La mujer en el espejo


No puede evitar sonreír, lo sabe, ha llegado el momento y está feliz; su cuerpo ha llegado a la madurez. Sus caderas pronunciadas símbolos de los deseos más variados, sus  pechos tienden a oprimir las miradas de quienes irrumpen en su camino. Sigue riendo frente al espejo tapando su entrepierna, fija la vista en sus propios ojos, hace un guiño coqueteando con ella misma, siente el mismo vértigo que  ha causado su juguetona mueca infinidad de veces en aquellos insistentes pretendientes.


Descubre su monte de Venus permitiendo su reflejo, un lecho intacto codiciado por aquellos ambiciosos conocedores del valor de la tierra virgen, lugar fértil donde la primera semilla se hace inmortal, un tatuaje en la memoria de la diosa dominante del frondoso placer.


Con sus manos comienza a delinear su cuerpo, tacto apenas perceptible a través de las suaves puntas de sus dedos. Se eriza la piel, la sacuden espasmos. Oleadas de calor surcando sus poros obligándola a dejar en el aire suspiros perdidos sensibles a la excitación. Cierra los ojos y su imaginación recapitula sus amantes, competidores buscando dejar huellas imborrables. Pero ella es como la arena, una vez que pasa el tiempo y oscila sobre ella el viento esos rastros forman parte del pasado, un olvido que jamás será descubierto por algún nuevo osado.


Abre sus ojos nuevamente y contempla la efervescencia de su ser, una fragilidad donde se esconde un gran y peligroso poder. Sabe que mujeres como ella han determinado la historia de la humanidad, por ellas se erigieron civilizaciones y destruyeron esperanzas. Siente escalofríos al razonar que es la pieza fundamental de la permanencia del hombre en la tierra, ella es la clave de la humanidad, la especie sobre todas las especies. 


En ella el bien y el mal del llamado mundo. Ríe con fuerza, los inocentes la llaman simplemente “Mujer”.

martes, 2 de octubre de 2012

Instrucciones para leer este libro


Existen libros que deciden la manera como el lector debe abordarlos, sus páginas designadas por números imponen un orden indestructible dejando como única opción leerlos bajo el rigor de la ascendencia. Fedosy Santaella es un escritor que gusta de romper reglas, desmembrar aquellas que rigen el amable y misterioso juego de la escritura y la lectura. Instrucciones para leer este libro es un ejemplo de ello, una guía turística del mundo que habita dentro de uno de los escritores (en mi humilde opinión) más interesantes dentro de la narrativa de nuestro país.


En su nuevo libro Fedosy aborda la poesía, la ficción y la narrativa breve. A cada página se percibe que él se ha divertido escribiendo, podemos figurar su rostro sonriente y malicioso a medida que el nuestro, bajo la sabana del escrutinio, se deforma en muecas y pinceladas de asombro haciendo de lo absurdo algo sumamente divertido. Desde su inicio el libro hace del lector un capitán de navío con la facultad de elegir y decidir su página de partida y de  arribo, toparse con historias y pensamientos que tienen vida propia pero que a su vez forman un único mundo ocupado por “Sinseso”, personaje recurrente a lo largo de las 197 páginas que componen el parque de diversiones literario que el autor nos regala.  Aunque el humor tiene una importante presencia no se puede obviar la calidad y coherencia de la narrativa que Fedosy presenta en una experiencia sensorial brillante y abrumadora, con imágenes que perforan los sentidos haciendo de cada oración una degustación sublime. La ficción ocupa espacios dejando huérfana a la realidad. Su escritura bebe tanto de grandes fuentes literarias como de lo mejor del cine y de la música, ejemplos: un hombre visiblemente enfurecido con una fisonomía similar a la del ruso rompe rostros Duff Lundgren y ladrones que roban al ritmo de la música de Mingus forman parte de los personajes desarrollados, sin dejar de lado referencias literarias como la novela Bajo el volcán de Malcolm Lowry.


El libro también es un estamento crítico del entorno del autor. De su sarcasmo e ironía saca a relucir su opinión y posición ante aquellos comportamientos que por él (y otros) son cuestionados. Declarando su rebeldía a la detestable hipocresía, siendo autentico al no forjar posturas esnobistas. Se agradece sus no pretensiones, sabe que en pocas palabras se producen los mayores impactos.

Ha llegado a nuestras manos un manual de uso y comprensión del universo oculto de Fedosy Santaella, un escritor como pocos, seguro de sí mismo y con un mensaje claro: La literatura es la mejor forma de divertirse.

lunes, 1 de octubre de 2012

Paul Auster en el mundo de las casualidades


Perder un vuelo y conocer al amor de tu vida, atender una llamada equívoca y pretender ser la persona correcta, ceder el paso al cruzar una calle. Hechos cotidianos y casuales que pueden determinar nuestros destinos, situación que ha obsesionado a Paul Auster a lo largo de sus creaciones durante su exitosa y extensa carrera como escritor de novelas y guionista. 

Dos libros esenciales para comprender su universo son El cuaderno rojo y La invención de la soledad.


En El cuaderno rojo  Auster desarrolla en escasas sesenta y cuatro páginas las circunstancias y hechos que lo llevaron a recurrir a la pluma, convirtiendo esas curiosas historias que han adornado sus días en escritos fascinantes con una prosa única que lo identifica. “Un número equivocado inspiró mi primera novela”, una tarde cualquiera en su apartamento en Brooklyn Auster atiende una llamada, al otro lado de la línea preguntan si se han comunicado con la Agencia de Detectives Pickerton, él contesta que se han equivocado y cuelga la llamada. A la tarde siguiente atiende otra llamada, para su sorpresa es el mismo individuo preguntando nuevamente por la agencia de detectives, le indica una vez más que el número es equivocado y cuelga. Pero el hecho se queda en su mente y comienza en él un juego de interrogantes: si suplantara la identidad de un detective de la agencia ¿qué habría sucedido si hubiese aceptado el caso? De esas dudas nació La ciudad de cristal la afamada novela que dio inicio a la Trilogía de Nueva York.


Poco tiempo después de la muerte de su padre se aboca a escribir, dándole vida al libro La invención de la soledad, lidiando con su dolor de la mejor manera que conoce: plasmando sus pensamientos en el papel.

Su padre era un hombre poco conversador, indescifrable a causa de su silencio, con valores firmes y un adicto al trabajo. Auster, al desarrollar sus ideas a través de las palabras, buscaba enterrar y dejar en el pasado a aquel solitario que alguna vez fue su padre, borrar el recuerdo del dolor enterrándolo en un solemne acto de memoria y comprensión. Pero se equivocó, a medida que escribía parecía que Sam Auster estaba con más vida que nunca, irónicamente con mayor presencia, ahora que su cuerpo había mutado a un despojo sumergido en las sombras, alimentando a otros seres invisibles. A lo largo de La invención de la soledad, Auster realiza un ejercicio de perdón, donde las memorias saldan cuentas pendientes, enterándose que se parece más a su padre de lo que consideraba. Al hacerse traductor (oficio de sus primeros años de la mano con la poesía) se convierte en un usurpador de identidad, se transforma en un devorador de almas, donde debe pretender ser aquel alquimista inicial, traducir sin cambiar la fórmula original, su padre era un hombre de varias identidades, para cada persona que lo conoció existía un Sam Auster distinto, para cada uno de ellos traducía su propia vida para el gusto y complacencia de todos. Al hacerse escritor se convierte en un guardián de la soledad, donde el silencio es compañía suficiente para soportar la existencia, donde los pensamientos delimitan al mundo circundante permitiendo vivir tu propia historia. Su padre nunca entendió que su hijo se hiciera poeta y escritor, él nunca comprendió a su padre por su aislamiento y silencio, ambos, sin saberlo, terminaron siendo la misma persona.


Las casualidades que se convierten en destino, así me gusta definir la literatura del hombre que hace un homenaje continuo al oficio de escritor. Auster ha sometido a sus personajes a lo largo de su narrativa ha incontables vicisitudes, engañándolos, haciéndoles creer que lo que ocurre son simples condiciones del azar hasta llevarlos a un destino que han querido evadir y con extraña pasividad terminan por aceptar.